Hoy es un día especial para mí, porque aunque en mi vida privada no haya nada señalado, en mi calendario particular aparece marcado un cumpleaños de alguien que para mí es muy importante a nivel emocional y musical: Mike Oldfield. Y creo que la mejor manera de celebrarlo es haciéndole un pequeño homenaje en forma de esta historia basada en uno de sus mejores temas instrumentales de larga duración, The lake:
Te despiertas en un bosque, pero aunque no sabes muy bien como has llegado allí, unas hipnotizadoras flautas provinientes de un claro cercano te indican el camino a seguir por lo que no corres riesgo de perderte. Mientras te adentras en el sendero, notas como en tu interior se va aumentando la intensidad de un peligro inminente y cuando quieres darte cuenta, te encuentras atrapado en una ciénaga llena de enredaderas, plantas carnívoras y arenas movedizas. Has perdido el sentido de la orientación y luchas por salir de ese infierno de caos y desconcierto, hasta que por fin, una luz cegadora, te transporta al instante y como por arte de magia al claro que buscabas. Abres los ojos y te encuentras rodeado de criaturas maravillosas, extrañas, pero que te inspiran confianza, y no temes avanzar entre ellas en medio de la reunión que parecen estar celebrando. Incluso descubres que a una de ellas le has caído bien, y aprecias como te guiña el ojo en señal de complicidad. Parece ser el líder de todas ellas. Cuando creías que todo estaba en orden, una neblina cubre completamente el claro y gran parte de esas amistosas criaturas caen muertas. El resto observan atemorizados como dicho veneno se introduce en tí por los poros de tu piel, y no puedes creer lo que sucede. Escuchas en tu mente melodías que nublan tu conciencia y tu vista, a la vez que te das cuenta de que algo dentro de tí esta cambiando, no sabes a qué puede deberse, pero a los pocos segundos te sientes completamente lleno de energía.
Esa neblina ha provocado una supernova en tus sentidos, y hace que reluzcas, con un aura a tu alrededor que provoca que, como si fueras un dios, todas esas criaturas, se postren a tus pies lanzando alabanzas hacia tu persona. No obstante, al rato, ese aura que te rodea, empieza a menguar, y aunque no sabes por qué, temes por tu vida, pero no pierdes la calma, te dejas mecer por una cuidada melodía de guitarra que te hace olvidar por unos instantes el posible peligro. De pronto ese aura cobra vida de nuevo, esta vez mucho más reluciente que nunca, y descubres que en tu espalda, han crecido repentinamente un par de majestuosas alas blancas. Te elevas por el aire y observas como tus extraños amigos tienen sus ojos como platos, clavados encima de tu cabeza. Uno de ellos grita algo que no entiendes y señala al cielo. No sabes a que puede referirse con su insistente llamamiento aunque optas por hacerle caso y girar la cabeza, pero no te da tiempo a reaccionar.
Un repentino tornado surge de la nada y te engulle y te arrastra a través de los cielos. Notas como el tornado te desgarra las vestiduras y punzones de aire atraviesan tu piel. Comienzan a brotar las heridas, gritas, pero no puedes hacer nada, es un tornado, tiene tal fuerza, que todo tus intentos por defenderte solo consiguen sacar carcajadas del maligno espíritu que lo dirige, pero este, por algún motivo extraño, frunce el ceño y echa la mano abajo, estrellándoos violentamente al tornado y a tí en un valle.
Te encuentras mal, intentas descansar a la vez que con la mirada buscas algo para curarte las mortales heridas. Vuelves a escuchar en tu cabeza esas flautas, pero solo en tu cabeza... estás malherido y delirando... y por un momento piensas que eso que divisas al fondo puede ser una casa, y pensando que allí podrán ayudarte a sobrevivir, te levantas e intentas avanzar hacia ella. Es en ese momento cuando descubres que llevas algo clavado en el pecho, no muy lejos del corazón. Gritas. Nada más puedes hacer. No te queda mucho. Gastas tus últimas fuerzas en arrastrarte hasta un lugar seguro y en emitir esos gritos, que no tendrán importancia, ya que nadie podrá escucharlos... Vuelves a oír las flautas y piensas "Ojalá solo sea un sueño...". Lloras. Sabes que ha llegado tu hora. Caes exhausto sobre una roca, en el claro del que venías, mientras los supervivientes del grupo de extrañas criaturas se agrupan a tu alrededor y rezan una oración por tu alma. Tumbado en esa desnuda roca puedes notar como se te escapa la vida a borbotones por las numerosas heridas abiertas. Pero es inevitable. Lloras... y las lágrimas nublan de nuevo tu vista. Solamente maldices aquella neblina mientras exhalas tu último aliento.
Espero que os guste. Os recomiendo que escuchéis la canción mientras leéis el relato. Si ya conocéis el tema, os será más fácil identificar el texto que corresponde a cada pasaje.